Como conocí al Sr. Suthep

Sin duda un punto crítico en todo viaje es la vuelta a casa. En ese momento, durante el día de coger el vuelo a casa, aparecen un cúmulo de emociones. Tristeza por acabar el viaje, miedo de perder el vuelo, felicidad por volver a casa… Tailandia (en pack con Camboya) fue nuestro primer viaje, por lo que todas esas emociones se intensificaban. 

Por lo tanto, sería bastante inoportuno perder el vuelo a casa. Por desgracia, o suerte más bien, perdimos el vuelo por 3 minutos. Aquí empezó una de las aventuras más trambolikas que hemos vivido.

Camino al Aeropuerto

Llegamos al aeropuerto DMK desde Krabi. Teníamos que cambiar de aeropuerto e ir a BKK. Nuestro vuelo salía las 22:45h, eran las 18:35h así que no íbamos tan mal de tiempo. Debíamos llegar antes de las 21:45h para que no nos cerraran el check in y evitar perder el vuelo.


Durante el vuelo de regreso a Bangkok conocimos a una chica tailandesa que nos habló muy bien de un restaurante. Así que como llegamos con tiempo decidimos ir a cenar con ella a ese sitio. Fuimos en transporte público. Acabamos de cenar sobre las 20:45h, la verdad es que la cena estaba tremenda, pero perdimos más tiempo del necesario. Íbamos a coger un taxi para ir al aeropuerto pero la chica nos convenció que fuésemos en transporte público que era igual de rápido y más barato. Así que le hicimos caso. Total, que pasamos de tardar 25min que era lo que supuestamente se tardaba en taxi a tardar 50min. Llegamos al aeropuerto sobre las 21:35h, teníamos que ir al lavabo a cambiarnos de ropa para cumplir con el código de vestimenta que se exige en Qatar al viajar como stand-by.

¿Qué deberíamos haber mirado la hora al llegar? Sí. ¿Qué deberíamos haber ido al mostrador sin cambiarnos antes porque íbamos justos de tiempo? También. ¿Lo hicimos? no. Fuimos directos a cambiarnos de ropa con toda la calma sin mirar el reloj.

El momento de tensión

Salimos, y nos dirigimos al mostrador a por las tarjetas de embarque y la chica nos informa que el check in está cerrado. Que no nos puede sacar las tarjetas de embarque y nos quedamos en tierra. Eran las 21:48h, llegamos tarde por 3 minutos. ¡Por 3 minutos! Tuvo que ser bastante curioso ver nuestras caras en ese momento…

Una vez asimilado, después de discutir y llorar con las empleadas de Qatar, empezamos a buscar alternativas. Por suerte, teníamos un vuelo vía Doha, como el que íbamos a coger, a las 02:35h. Encima nos daba tiempo en la escala en Doha para volver a Barcelona. A eso le llamamos suerte en estado puro.

Compramos el vuelo y vimos que teníamos más de una hora hasta que abrieran el check in de nuevo. Esta vez no podíamos perder el vuelo. Así que nos quedamos en el aeropuerto muertos del asco perdiendo el tiempo.

Después de muchos minutos de aburrimiento extremo suelta Víctor: «Oye, he visto que hay un mercadillo nocturno a 30 minutos de aquí. Y Google dice que allí se pueden comprar bichos comestibles. Así me traigo un puñado para casa. ¿Vamos?». Alex, perplejo, dice que no porqué está cansado y porqué es una locura.

Después de una negociación sin éxito, Víctor le informa que se va al mercadillo. «Tengo 2h35min para ir y volver. Por lo que me deja 1h y 35 minutos para encontrar los bichos. Justo, pero me da tiempo. Estaré 1h en el mercadillo para venir con tiempo» – dice Víctor.

Empieza la aventura (en solitario)

(narrado por Víctor)

«Toma Alex, guardarme las mochilas y te dejo el pasaporte por si tienes que sacarme el billete, invéntate algo para que me lo den. Me llevo la SIM con internet para poder comunicarme. ¡Deséame suerte!»

Son las 23:02h, tengo 2h y 30min, como límite máximo para no que no me cierren el check in y pierda el vuelo como antes. Ir y volver será 1h aproximadamente. Intentaré quedarme 1h como mucho en el mercadillo. Así puedo dejar 30min de margen de seguridad para posibles imprevistos.

Ahora toca correr a por el taxi, o caminar rápido, tampoco hay que dramatizar la situación. Me dirijo hacia la parada de taxis. Cojo ticket y voy a mi taxi.

Se baja un señor de unos 60 años, delgado, con bigote, gafas y que no habla ni papa de inglés. A ver como le explico en inglés que quiero ir al mercadillo, que me espere ahí, y luego vuelva conmigo al aeropuerto a tiempo para coger el vuelo…

Después de 5 largos y desesperantes minutos para hacerle entender lo que quiero, llega la fase de negociación de precio. Le ofrezco 500 Baht (14€ y poco al cambio) por el servicio. Me mira con unos ojitos como si le estuviera ofreciendo 1.000€. Me presento con el típico «I’m Víctor, you?» – «Me Suthep» me responde. Nos damos la mano para sellar el trato y nos montamos en el taxi de camino al mercadillo.

Durante el trayecto en taxi le expliqué mi motivo para visitar el mercadillo: la compra de bichos comestibles. También le dije que tenía un vuelo en breves y tenía que volver en una hora y media para no perderlo. Al final lo entendió. Flipó un poco, pero le pareció gracioso y me dijo que me ayudaría a conseguir mi objetivo. Estuvimos hablando de bastantes cosas. Fue bastante curioso porque ninguno de los dos entendía al otro. Pero fue una conversación agradable.

Llegada al mercadillo

Llegamos al mercadillo y le digo al Señor Suthep que me espere aquí y luego le pago (así me aseguro que no se escapa sin mi). Para mi sorpresa, Suthep se acerca al taxi, lo cierra y me dice «Go go!». Ahí me di cuenta que me quería acompañar, así que nos adentramos al mercadillo en busca de nuestro objetivo. Comprar bichos. Miro el móvil, son las 23:28h. Tengo que salir de aquí antes de las 00:30h. Tic-tac, tic-tac noto la presión de las manecillas del reloj jugando en mi contra, y eso que el reloj es digital…

El señor Suthep y yo a la entrada del mercadillo.

El Señor Suthep iba preguntando a varios locales donde podía comprar bichos. Todos y cada uno de los locales le respondían con una cara de «¿Pero que me estás contando? No, no se donde venden bichos.»

Localizamos una entrada grande que daba a lo que era el mercadillo en sí, con sus respectivas casetas de comida y sus cosas. Así que nos dirigimos hacia allí.

De repente, un gordaco tailandés completamente esférico de 1.60m x 1.60m con más tatuajes que piel coge del hombro al señor Suthep por detrás y le pega un giro de 180 grados que casi lo desmonta. Se quedan los dos mirándose fijamente. Yo, inmóvil viendo el panorama, pienso: Por favor que se conozcan. Veo una mirada de desconocimiento en el rostro del señor Suthep. Empiezo a sudar pensando lo peor…

Instantes después se dan un abrazo. Me mira el señor Suthep y me dice «Cousin cousin, my cousin». Empiezan a hablar en tailandés y se alejan hacia una mesa con un grupo de tailandeses con unas pintas no muy legales por así decirlo. Suthep me hace un gesto para que me acerque, así que me acerco. No entiendo tailandés, pero imagino por la situación que el señor Suthep me estaba presentando a su familia o amigos y les estaba explicando que estaba buscando bichos comestibles. Ademas el gordaco primo de Suthep me ofreció cerveza, le dije que no porqué no tenía tiempo de entretenerme, aunque me quede con las ganas de darle un buen trago.

Finalmente el señor Suthep se despide de su primo y nos adentramos en el mercadillo. Todo puestos de comida callejera. Me sentía como un niño con 50€ en una tienda de golosinas. Me iba parando en cada puesto, en uno de cada 5 puestos acababa comprando algo de comer. El señor Suthep seguía preguntando por los bichos. Misma respuesta…

Después de un rato buscando sin éxito decidí hacer un descanso rápido y comer tranquilo. Le pregunté al señor Suthep si quería algo de comer, me dijo que no. De todas formas le compre lo que me pareció igualmente. La segunda vez que le pregunté ya eligió él lo que quería.

Cenando con el señor Suthep.

Después del descanso continuamos con la búsqueda. Aun me quedaban 20 minutos para estar en el mercadillo, además del «margen de seguridad» de 30 minutos que había dejado. Misma mecánica, Suthep preguntando por bichos y yo parándome en cada puestecito de comida. Me dispongo a comprar un pincho de ternera a la plancha (o eso creo que era). Pago, me dan el cambio y antes de poder guardarlo en el monedero el señor Suthep me tira del brazo mientras me dice «come come!». Increíble la fuerza que tiene para lo delgado que está. Recobro la compostura como puedo y lo sigo.

Por fin, ¡lo conseguimos! Encontramos el puesto con bichos comestibles. Es increíble que el señor Suthep esté aun más feliz que yo. Me hago un selfie con la dependienta para enseñarselo a Alex la vuelta. Suthep me coge el movil sin avisar y me dice «photo, you photo». Entiendo que me quería hacer una foto, posé con la dependienta y me tomó la foto.

El señor Suthep hizo dos fotos. Una movida que no se veía nada y otra con el dedo en medio de la lente. Así que tengo que colgar el selfie con la dependienta en el puesto de insectos.

Pido dos cuencos para llevármelos a España, uno para mi y otro para dar a amigos y familiares. Me hizo gracia ver el logotipo del envase. Un Pokemon tipo bicho, un Caterpie. Sin duda alguna mereció la pena haber perdido el vuelo.

Puestecito de insectos varios.
El motivo de este embrollo.

Volvemos al taxi para regresar al aeropuerto. Los dos con una sonrisa de oreja  a oreja. Al llegar le pagué la carrera como acordamos, nos despedimos y di las gracias por todo. Le comenté que había sido una experiencia fantástica. Estoy convencido al 95% de que no entendió nada de lo que dije, pero daba igual. Le di un abrazo y me fui corriendo a por los billetes. Tenía 20 minutos reales para hacer el check in o volvía a perder el vuelo.

Después de correr por todo el aeropuerto llego al mostrador de Qatar y veo a Alex sentado tan tranquilamente en un banco. Me acerco a él y le digo como puedo, entre bocanadas de aire, que si tiene los billetes. Me mira, se ríe y me dice: «Toma, tu tarjeta de embarque. Me sorprende que hayas llegado a tiempo la verdad. Recuérdame que le debo 5€ a Yuri. Aposté con él a que no llegabas a tiempo.» 

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