La «otra» ruta 40

Todo el mundo conoce la famosa Ruta 66 en EEUU, sin embargo hay otras no tan conocidas como la Ruta 40 en Argentina que cruza de norte a sur recorriendo casi más de 5000 km. Nosotros, a pesar de no poder realizarla en su plenitud, si pudimos conducir un pequeño tramo durante nuestro recorrido desde Calafate, Argentina hasta Puerto Natales, Chile. Toda una odisea que os explicamos en esta entrada. Destacar que en este viaje íbamos acompañados de un tercer integrante en el grupo, nuestro amigo Yuri (no sabemos porqué pero mucha gente cree que Yuri es un nombre de chica), que como podréis comprobar dio mucho que hablar durante el viaje.

El inicio de la aventura

Esta historia comienza cuando tras 4 insufribles vuelos conseguimos llegar al aeropuerto de Calafate, donde habíamos alquilado un coche. Allí habíamos quedado con el chico de la compañía para que nos lo entregase. ¡Sorpresa! No había nadie.

Tras más de 30 minutos de espera, apareció el chico con doscientos  documentos que firmar y mil y una advertencias de como conducir por la zona. Una vez concluida la extensa burocracia, nos hizo entrega de las llaves del coche.

En la web habíamos reservado un Volkswagen Polo o similar. Como bien es sabido, ese «o similar» puede variar desde un Smart hasta una Citroën Kangoo. En nuestro caso fuimos «agraciados» con un Chevrolet Classic que por las condiciones que presentaba no tenía menos de 20 años… Sin cierre centralizado, retrovisores manuales, radio de cassette , un piloto que estaba siempre encendido indicando fallo de motor y como no podía ser de otra manera las 4 ventanillas se bajaban a manivela… Por el resto era un buen coche, al menos al arrancarlo y a revoluciones bajas sonaba como un buen coche de Rallys de los 90, eso sí, sin olvidar que difícilmente superaba los 75 CV. Desgraciadamente no hicimos fotos del vehículo in situ, sin embargo, si sigues leyendo lo podrás ver en modo Dakar.

El trayecto Calafate-Puerto Natales

 

 

Al día siguiente, después de nuestra excursión al Perito Moreno, pusimos rumbo a Pueblo Natales. Antes de ello comparamos las rutas que nos proporcionaban tanto Google Maps como la aplicación Maps.me. La primera sugería una ruta de 3 horas y 20 minutos mientras que con la segunda aplicación la ruta era de 4 horas y 20 minutos.  Era bastante tarde ya y la distancia a cubrir era grande por lo que no nos lo pensamos dos veces y escogimos la ruta de Google aunque pronto nos daríamos cuenta de que se trataba de un grave error.

No tardamos en descubrir que el milagroso atajo de Google para ahorrarnos una hora trayecto era acortar por un camino de tierra. En un principio el camino era ancho, grande y en buen estado por lo que decidimos seguir. A los pocos metros de comenzar la travesía vimos un espantapájaros colgado en una valla al lado de la carretera con muy mala pinta. No sabríamos decir si nos hizo más gracia o miedo pero seguimos nuestro camino. Tras 10 minutos nos dimos cuenta de que el camino era muy solitario, sin mas vehículos ni edificios, solo campo y soledad.  Por nuestra parte pensábamos que no nos faltaría mucho para llegar a la carretera de asfalto por lo que proseguimos felices y con la moral intacta. Pero nuestro aburrimiento creció exponencialmente y como creíamos que contábamos con algo de tiempo decidimos parar y  hacer un par de fotos en la carretera fantasma donde nos encontrábamos.

Alex posando con el coche
Victor «posando» con el coche

Después de las fotos nos montamos en el coche y seguimos nuestro camino. Yuri desde los asientos de atrás suelta: «Oye, el techo no está un poco bajo?«. Paramos, miramos, y sí, el chaval tenía razón. Igual el techo no aguanta 80Kg encima… Pero nada tú, somos 3 ingenieros cualificados. Le dimos un par de golpes desde dentro hacia afuera y problema solucionado. Casi ni se nota, o al menos Yuri no volvió a quejarse… Seguimos nuestro camino.

Poco a poco el camino se iba haciendo más complicado hasta el punto de tener que ir a 20km/h (¡y yendo rápido!) por baches y piedras. En ese momento empezamos a ponernos nerviosos. Sin comida y con 1L de agua para los 3 en medio de la nada. Un más que probable pinchazo hubiera sido un drama. Pero decidimos no aceptar el error y seguir hacia delante. En ese momento Víctor, que conducía, vio una señal tiroteada. Pero como hemos dicho antes, no asumimos nuestro error. Así que se calló y no dijo nada para no sembrar el caos… ¡Seguimos para bingo!

Después de casi una hora de trayecto y un par de espantapájaros más por el camino, nos encontramos un vehículo en dirección contraria. Yuri y Alex estaban bastante tensos por la situación en general. Y Víctor, después de ver una señal tiroteada, estaba bastante tranquilo. Así que cuando se acercó el vehículo los saludó. El saludo fue correspondido. Todo va bien, no según lo planeado, pero bien. 

En ese momento surgió una duda, si alguien ha pinchado y está parado en la carretera, ¿Lo ayudamos o no? Víctor responde: «hombre, después de ver una señal tiroteada yo prefiero no parar.». Como os podéis imaginar las caras Alex y Yuri eran cuanto menos curiosas…

Poco a poco después de ese momento se fue perdiendo la cordura. Buen momento para ver otro espantapájaros. Así que paramos y nos hicimos un selfie.

Selfie con Juanito. La botella de vino se la quitamos para la foto. A día de hoy seguimos sin entender que hacía Juanito con una botella de vino en medio de la nada.

Varios minutos después de este selfie, por fin, encontramos la carretera. Finalmente el «atajo» de Google solo nos demoró 2h30min más, pero a cambio conseguimos una bonita experiencia por tierras Argentinas. 

Chile y por qué elegir al conductor es importante

Durante nuestra estancia en Chile en el Parque Nacional de Torres del Paine (más info aquí) y alrededores también nos llevamos alguna que otra anécdota con el coche.

Principalmente una, que se podría reducir a: No dejes conducir a Yuri. Nunca. Bajo ninguna circunstancia.

«¿Y por qué?» Estaréis pensando, pues veréis:

Si hay un camino de tierra de unos 5 metros de ancho con un tráfico de 1 vehículo cada 10min, lo normal es ir un poco por el medio de la carretera para evitar pisar la gravilla de la cuneta y que se te descontrole el coche. La opinión de Yuri era la contraria. 

Así pues, en una bajada en curva pisó gravilla. Autobús subiendo de frente. Suerte que es un veterano en el Need for Speed de la PS2 y pudo controlar el vehículo por los pelos. Después de una bronca monumental por parte de Alex a Yuri y Víctor partiéndose de risa desde atrás, decidimos que lo mejor era cambiar de conductor. 

El regreso: Puerto Natales – Calafate

Después de nuestra experiencia en Chile tocaba volver a Argentina. Una cosa estaba clara, no íbamos a coger «el atajo».

Teníamos que devolver el coche al mediodía en Calafate, nos habíamos levantado más tarde de lo esperado y a alguien (no diré nombres) le dio un apretón justo antes de abandonar el hotel. 

Ya con el coche cargado y listo por fin salía Víctor del hotel, listo para conducir de vuelta. Íbamos justos de tiempo. 

Así que de camino de vuelta fuimos un poco más rápido de lo recomendable. Durante la mayor parte del trayecto el vehículo iba a unas 5.000rpm de media. Después de casi 3h de camino de repente el coche corta inyección, como si levantaras completamente el pedal del acelerador. Pisabas gas y no respondía, hasta que bajó a menos 3.000rpm, por debajo de 3.000rpm el vehículo sí respondía, pero sin dejarte pasar de 3.000rpm. Víctor dijo: «Que raro, no he visto ninguna indicación de aumento de temperatura… Solo el piloto de fallo motor de siempre.». Alex responde «¿Pero que indica la aguja de la temperatura?». Risas por parte de Víctor. «No indica.» responde. Ahí nos dimos cuenta que tampoco funcionaba la aguja de temperatura.

Finalmente, llegamos más despacito, pero llegamos (aunque tarde) a la devolución del vehículo. El propietario hizo un chequeo al vehículo para ver que no había desperfectos. Nosotros acojonados. Habíamos metido el coche por caminos de tierra con piedras, escuchando como golpeaban fuertemente los bajos, al borde de reventar el motor y con un tapacubos roto. Habría que volver a sacar la Visa…

Al acabar la inspección nos dijo que estaba todo bien. Así pues, entre risas dejamos las llaves y nos fuimos rumbo al siguiente destino de nuestra aventura.

Resumiendo

Si queréis un coche de batalla, para darle uso por terrenos desafiantes y complicados no os compréis un Jeep, ni un Land Rover ni nada de eso. Comprad un Chevrolet Classic, está comprobado empíricamente que no rompe.

 

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